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Nunca sabemos para qué pasan las cosas. Pero yo estoy convencido de que, si tienes la actitud adecuada, siempre las cosas pasan para llevarte a un siguiente nivel, a una mejor situación.

En el 2010 yo estaba saliendo de una deuda enorme, mi negocio no funcionaba y llegué a un momento en donde decidí dejar de hacerme caso. Seguía a mis mentores, leí mucho de Robert Kiyosaki, me enfoqué y empecé a salir de esa deuda.

Al final de ese año, llegó a mis manos un libro de Tim Ferris. Empecé a leerlo y me encantó, pero a la mitad del libro llegué a un ejercicio y me di cuenta de que estaba haciendo lo mismo que hacía siempre, me brincaba los ejercicios sin contestarlos pensando que después los haría.  Entonces regresé al principio del libro y me prometí no pasar una hoja más hasta haber terminado los ejercicios que se iban presentando.

El primer ejercicio que hice en ese libro cambió mi vida y además me enseñó una importante lección de negocios.

Había una pregunta que decía ¿Qué es lo que realmente quieres hacer?

Habiendo leído a Robert Kiyosaki y los temas de libertad financiera pensé, lo que quiero es no tener que ir a mi oficina y que mi negocio funcione, que no se vaya para abajo.

El ejercicio pedía evaluar los riesgos, y para mí el riesgo implicaba perder clientes, cerrar el negocio, liquidar empleados, era mi peor pesadilla. Después pedía evaluar qué tanta probabilidad había de que sucediera lo bueno y de que sucediera lo malo.

Decía que en la mayoría de los casos el posible daño es mucho menor y es reparable comparado con el enorme beneficio de hacerlo. Así es que me dispuse a hacerlo.


En aquel entonces, trabajábamos principalmente para dos empresas haciendo software y dejaron de pagarme. El 90% de nuestra operación dependía de esos dos clientes.

Los clientes anteriores los había ido dejando porque no me convenía tanto como atender a los clientes grandes. Llegó el momento en el que decidí tirar la toalla. Entones, escribí a los responsables de los proyectos de las empresas para acelerar el pago diciéndoles que no podía seguir financiando el trabajo, pero no sucedió lo que esperaba. No pagaron a tiempo.


Estando en una situación crítica a nivel económico y emocional, decidí enfocarme en hacer un proyecto bien estructurado con lo que en aquel momento era mi hobby y que ahora es mi empresa actual.

Teníamos un evento 3 meses adelante y nadie lo había promovido, así que puse todo lo demás en pausa y tracé un plan para trabajar en promover ese evento.


Cuando llegó la fecha de los cursos, fueron los cursos con más gente que habíamos tenido hasta ese momento. Repentinamente el negocio que era un hobby, se había convertido en un verdadero negocio.

Me acuerdo de que al terminar el curso estaba yo sentado en medio del salón con el dinero en mi mano y pensé ¿qué hubiera pasado si no me hubiera enfocado en esto?

El dinero que gané en esos cursos me permitió pagar la deuda que tenía por liquidar el negocio anterior, y para irme a certificar como entrenador en PNL. La experiencia fue increíble.


Pero, lo más impactante para mí sucedió dos semanas después, cuando encontré el cuaderno dónde escribí las respuestas de ese primer ejercicio dónde me pedía describir lo peor que podría pasar y describía tal cual lo que me había sucedido.

Fue un shock en mi cabeza darme cuenta de que 5 meses antes mi peor pesadilla estaba descrita de la forma en que ocurrió y ese día podía juzgarla como lo mejor que me podía haber pasado para el negocio.


Por eso tengo la firme creencia de que cuando tienes la actitud de decir “las cosas pasan porque me están entrenando para algo mayor”, si como empresario decides levantarte cada vez que te caigas porque sabes que eso te está preparando para jugar en ligas mayores, te aseguro que vas a tener más éxito que todas las personas que están a tu alrededor.


Por eso me gusta un par de cosas. La primera es que somos gente que hace que las cosas pasen, y la segunda, que la vida es genial no porque así venga si no porque así la hacemos.

La actitud es lo primero.

“La vida es genial pero no porque así venga si no porque así la hacemos”

- Agustín Bravo -