Anclas: El poder de la influencia

por | Mar 28, 2018 | Blog

Imagínate que tienes el poder de hacer que una persona se ría constantemente, la pase bien contigo y quiera volver a verte… con las anclas esto es posible.

Le decían Mane, tenía poco tiempo de conocerlo, sin embargo ya había llamado mi atención. Era un tipo que, a primera vista, pasaba inadvertido, pero después de convivir con él algunos días, uno se mantenía muy risueño. Yo había notado que Mane no era el más carismático del lugar; de hecho, tampoco era el más bromista ni el que hacía más comentarios agradables. Entonces ¿por qué tenía ese efecto más marcado que quienes eran más carismáticos y bromistas?

La respuesta residía en una sola acción, un movimiento que Mane hacía constantemente, pero en un momento específico. Siempre que alguien estaba riendo junto a él, reían juntos, pero además él tocaba el hombro de esa persona, con lo cual jalaba su atención y se miraban a los ojos mientras reían. Después de reír juntos unas cuantas veces, el condicionamiento ya estaba hecho; así, cada vez que había contacto visual, ambas partes experimentaban de nuevo felicidad.

¿Por qué suceden estas reacciones?

Hace aproximadamente un siglo, el fisiólogo ruso, Ivan Pavlov, formuló su ley del reflejo condicionado. En algunos de sus estudios, Pavlov utilizó perros. Observó que la salivación de éstos, antes de comer, podía ser resultado de una actividad psíquica. Hacía sonar una campana antes de alimentarlos. Con el tiempo, con sólo activar la campana, los perros salivaban, aun sin ser el momento de su comida.

A esta reacción, en programación neurolingüística (PNL) se le conoce como ancla. Tal condicionamiento no se limita a escuchar una campana u otro sonido, sino que puede ser creado mediante cualquiera de nuestros sentidos. Así, un ancla puede ser un estímulo visual, auditivo, kinestésico, olfativo o gustativo, que genera una emoción determinada.

Anclas en tu vida diaria

La cantidad de anclas con las que vive una persona es impresionante. Estamos condicionados prácticamente en todos nuestros comportamientos. Para mejorar tus relaciones, puedes hacer lo mismo que Mane: mirar a la gente a los ojos. No sólo puedes hacerlo cuando alguien con quien deseas relacionarte se esté riendo, sino en todas las emociones ligadas a ti que pretendas evocar en dicha persona. Recuerda hacerlo de un modo natural, pues podrías incomodar a la persona, en lugar de agradarle.

El mejor momento para crear el ancla —en este caso, mirar a los ojos a quien deseas agradar— es el instante previo a que su risa esté en su máxima intensidad; de esta forma, cuando su emoción esté en lo más alto, estará relacionándose contigo y te vinculará a esa emoción.

Debes considerar que si no eres capaz de mantenerte alegre, probablemente colapsarás el ancla que hayas creado en otra persona. Por ejemplo, si tienes personas a tu cargo y decides usar las anclas para que te perciban de un modo distinto, pero luego de anclarlos positivamente explotas de un coraje, haciéndolos sentir emociones desagradables, podría colapsar el ancla que ya habías instalado.

En las relaciones de pareja, el ancla generadora de emociones agradables suele producirse naturalmente. Están allí, juntos los dos comiendo un rico helado, se miran con fijamente y piensan en lo mucho que se aman, viene un suspiro y siguen comiendo. Un día, tienen una diferencia que termina en discusión; entonces, uno de ellos dice al otro: “mírame cuando te estoy hablando”. Si fueras tú el aludido, dado que se encuentra en una emoción desagradable, es posible que realmente no quieras que tu pareja vincule tu presencia con una emoción así.

No vas a evadir la mirada de tu pareja cada vez que tengan emociones desagradables; más bien, van a crear anclas positivas tan poderosas que los momentos desagradables no puedan cambiar la emoción de amor y felicidad que te da esa persona especial.

Estos son solo algunos ejemplos de la importancia que tienen las anclas en la vida diaria. Resulta de muchísima utilidad que aprendas a usar las anclas de manera consciente, ya que de esta manera podrás influir de manera positiva a las personas que se encuentren cerca de ti, ya sea que sean personas cercanas a tu círculo social y afectivo o que sean clientes, compañeros de trabajo o simplemente alguien que quieras hacer sentir bien con tu compañía.

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